El increíble experimento que convierte el dióxido de carbono en roca.

Realizado en una central geotérmica de Islandia, podría ser un punto de inflexión en la lucha contra el Cambio Climático.

“El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho”. Eso debió pensar el equipo de investigación responsable del proyecto CarbFix, cuyo trabajo se desarrolla en la planta de energía geotérmica de Hellisheidi, en el suroeste de Islandia.

Conscientes de la necesidad, por parte de nuestra sociedad, de un profundo giro global en la negativa tendencia actual que ha llevado a nuestro planeta a una situación de insostenibilidad extrema y al borde de la irreversibilidad, este grupo de investigadores decidió aprovechar al máximo los recursos disponibles en el subsuelo de su país para contribuir con un aporte que puede suponer un hito en la eterna pretensión de reducir las emisiones de CO2, y que consiste en el almacenamiento y posterior transformación del dióxido de carbono generado en la planta geotérmica en roca caliza.

El proceso de almacenamiento y captura de CO2 en formaciones geológicas supone una herramienta fundamental para la disminución de las enormes cantidades de este gas de efecto invernadero en la atmósfera. Sin embargo, los métodos utilizados han ofrecido serias dudas acerca de su posible funcionamiento. Así, uno de los principales problemas a los que se enfrenta esta metodología de almacenamiento es el hecho de que existan fracturas en las rocas donde se aloja el CO2, a través de las cuales puede regresar a la superficie y volver a la atmósfera. Por otro lado, existe un riesgo de explosión del dióxido de carbono acumulado en las rocas, que puede provocar igualmente la vuelta del gas a la atmósfera.

El proyecto piloto realizado en Islandia, iniciado en el 2007, y cuyos resultados han sido recogidos en un artículo de la revista Science, parece haber encontrado la solucion a los citados problemas, mediante la adopción de lo que parece una alternativa eficiente.

De este modo, el equipo de investigación, liderado por Juerg Matter, de la Universidad de Southampton, comenzó, en el año 2012, los trabajos de campo, durante los cuales inyectaron gran cantidad de CO2, que se había originado en el proceso de generación eléctrica de la planta geotérmica, disuelta en agua. Este CO2 fue transportado a las formaciones basálticas existentes en el subsuelo, que constituyen un potente reservorio debido a su alta porosidad. A esta disolución se le añadieron indicadores para monitorizar el comportamiento del CO2 durante el transporte y almacenamiento.

Los miembros del grupo de investigación eran conscientes de que el basalto, con minerales como calcio, magnesio o hierro, reacciona con gran facilidad con el CO2 para formar carbonato cálcico. En condiciones normales, estas reacciones suceden en cientos o miles de años. Sin embargo, mediante el uso de agua y sulfuro de hidrógeno, preveían acelerar el proceso hasta conseguir realizarse en 8 ó 10 años.

Lo que sorprendió gratamente a este grupo de investigadores fue que, tras comprobar los rápidos cambios de las composiciones de los isótopos de carbono en muestras de agua, un 95 por ciento del CO2 inyectado en el basalto se había transformado en calcita en tan sólo dos años. “No esperábamos que ocurriera esto. Nos sorprendió bastante”, comenta Martin Stute, geoquímico en Lamon- Doherty y autor del artículo publicado en la revista Science.

 

Foto_basalto_!

Imagen de un testigo de roca basáltica con CO2 solidificado, mostrado por la investigadora Sandra Snaebjornsdottir.

 

Tras este extraordinario resultado los investigadores concluyeron en su artículo: “Los resultados del estudio demuestran que la casi total mineralización in situ del CO2 en el basalto puede ocurrir en menos de dos años. Una vez que el CO2 es almacenado como minerales carbonáticos, el riesgo de filtración es eliminado y cualquier programa de monitorización del almacenamiento puede ser reducido significativamente, aumentando la seguridad del almacén y la aceptación pública”.

En 2014, el operador de la planta geotérmica comenzó la inyección de CO2 a un ritmo de 5000 toneladas por año. El seguimiento pormenorizado y continuo muestra que la mineralización se ha realizado a la velocidad obtenida en las primeras pruebas.

Importancia del proyecto

Este trabajo de investigación, que comienza a erigirse como la punta de lanza en el nuevo pensamiento global acerca del Cambio Climático, está respaldado por gran parte de la comunidad científica. Así, como indica Klaus Lackner, jefe del Centro para las Emisiones Negativas de Carbono de la Universidad de Arizona, “es un importante dato que el CO2 se haya transformado en carbonato en un periodo de tiempo tan corto. El secuestro de minerales bajo tierra es unicamente útil si ocurre a escala humana. Si el proceso dura cinco mil años, como es el caso de las formaciones de sílice, no sacamos ningún provecho y, además, a esas escalas temporales, el CO2 puede volver a la atmósfera”.

A pesar de las evidentes ventajas asociadas al proceso, como son la posible aplicación en un futuro, no solamente en plantas geotérmicas, sino también en plantas de combustibles fósiles, fundiciones y otras industrias pesadas, existen grandes inconvenientes a reseñar.

El mayor de ellos es la necesidad de utilizar 25 toneladas de agua por cada tonelada de CO2. Esto podría ser resuelto mediante el uso del agua del mar, en aquellas áreas con fondos marinos basálticos.

Por otro lado, la separación del dióxido de carbono, y su posterior inyección en la roca, conlleva un elevado coste económico que podría disuadir a empresas y gobiernos a la hora de la ejecución de un proyecto de estas características.

 

En cualquier caso, el gran reto al que se enfrenta este grupo de investigadores es el de cómo utilizar este método para capturar el CO2 existente en todo el planeta, y no unicamente el generado en las plantas geotérmicas, así como para transportarlo e inyectarlo en zonas basálticas.

Marie Curie, en lo que es una de sus grandes citas, dijo: “Me enseñaron que el camino de progreso no es rápido ni fácil”. Quizás éste sea un paso firme y definitivo que inicie el camino hacia la reversión del actual estado de nuestro planeta. Un paso que necesita, sin ningún género de dudas, el esfuerzo y compromiso de toda la comunidad internacional.

 

Fuente: ScienceArstechnica

Imágenes: Lamont-Doherty Earth Observatory

Vídeo: The Earth Institute. Columbia University.

 

 

 

1 comentario
  1. J
    Jorge Bastidas Dice:

    El progreso para bien de la humanidad y de nuestro planeta no tiene precio. Y ahí, donde las sociedades entre púbkicos y privados deben invertir de igual manera, sino, no habra progreso ni futuro que lo cuente.

    Responder

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