Un excursionista que caminaba por una ladera de El Castellar, en Teruel, se fijó en unos huesos que sobresalían de la roca. Ese hallazgo casual se ha convertido, años después, en una de las noticias paleontológicas más importantes del momento, el primer Diplodocus confirmado fuera de Norteamérica.
Desde Ingeoexpert, como especialistas en geología, paleontología y ciencias de la Tierra, analizamos qué se ha encontrado exactamente en Teruel, por qué obliga a ampliar el mapa conocido del Diplodocus y cómo pudo un gigante americano acabar viviendo en la península ibérica hace 150 millones de años.

Un hallazgo casual en la ladera de El Castellar
Todo empezó en el yacimiento de La Tejería, cuando un excursionista alertó de la presencia de restos fósiles en la ladera. El equipo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis acudió al lugar y comenzó a recuperar vértebras poco a poco.
El hallazgo se produjo en 2008, pero su estudio se ha prolongado durante casi dos décadas. La investigación, liderada por el paleontólogo Sergio Sánchez-Fenollosa, se acaba de publicar en el Journal of Vertebrate Paleontology, dieciocho años después de aquella primera excavación.
Catorce vértebras que cambian el mapa
El material recuperado incluye catorce vértebras caudales, es decir, de la cola, junto con varios chevrones, los huesos situados en la parte inferior de las vértebras de la cola. No es un esqueleto completo con cráneo y extremidades conectadas, pero sí un conjunto muy bien conservado.
Precisamente ese buen estado de conservación ha permitido a los investigadores estudiar con detalle la morfología de los huesos y atribuirlos con seguridad al género Diplodocus. Como solo disponen de vértebras de las zonas media y posterior de la cola, los autores han optado por la prudencia y han clasificado el ejemplar como Diplodocus sp., sin asignarlo a una especie concreta.
Esta cautela es habitual en paleontología. Asignar una especie exige comparar rasgos específicos del esqueleto completo, algo que este conjunto de vértebras todavía no permite hacer con total seguridad.

Un gigante de 25 metros, con cautela científica
Las proporciones de los huesos recuperados son comparables a las de ejemplares norteamericanos ya conocidos. Por eso, los investigadores han podido estimar que el animal alcanzaba unos 25 metros de longitud, aproximadamente el tamaño de dos autobuses colocados uno detrás de otro.
El Diplodocus pertenecía a los saurópodos, aquellos enormes herbívoros cuadrúpedos de cuello y cola muy alargados que dominaron buena parte del paisaje durante el Jurásico Superior. El ejemplar de Teruel vivió hace aproximadamente 150 millones de años, en esa misma época, compartiendo terreno con otros grandes herbívoros y con los depredadores que los acechaban.
150 años de historia ligados a Norteamérica
El género Diplodocus fue descrito por primera vez en 1878, y desde entonces su registro fósil había permanecido ligado casi en exclusiva a la Formación Morrison, en Estados Unidos. Durante casi siglo y medio, ningún ejemplar confirmado había aparecido fuera de Norteamérica.
El hallazgo de Teruel rompe esa frontera. Por primera vez, la comunidad científica cuenta con evidencia sólida de que este género de dinosaurio, uno de los más reconocibles de la cultura popular, también habitó en lo que hoy es Europa.
El propio Sánchez-Fenollosa ha destacado la relevancia del hallazgo, subrayando que revela por primera vez en el continente europeo la presencia de este emblemático dinosaurio.

Cómo pudo un Diplodocus cruzar hasta Europa
Hace 150 millones de años, el continente europeo no se parecía en nada al actual. Era más bien un mosaico de islas y tierras emergidas, mientras el proto-Atlántico continuaba abriéndose tras la fragmentación de Pangea.
Los investigadores creen que, durante periodos de descenso del nivel del mar, pudieron aparecer conexiones temporales de tierra entre algunas de esas islas y el resto de continentes. Esos puentes ocasionales habrían permitido el paso de grandes herbívoros como el Diplodocus, en lo que los científicos interpretan como un intercambio biológico intercontinental.
El Diplodocus no habría sido el único viajero de este tipo. Otros géneros como Stegosaurus, Allosaurus o Torvosaurus ya eran conocidos tanto en Norteamérica como en Europa, lo que refuerza la idea de que estos intercambios se repitieron a lo largo del Jurásico Superior.
Teruel, casi tres décadas excavando dinosaurios
Para la Fundación Dinópolis, este descubrimiento es el resultado de un trabajo mucho más amplio que empezó años antes de la publicación científica. Según ha explicado su director-gerente, Alberto Cobos, la institución lleva 28 años investigando dinosaurios y haciendo ciencia desde Teruel para el mundo.
Solo en los yacimientos de la provincia se han recuperado más de 60.000 fósiles en las últimas décadas, entre restos óseos y huellas fósiles. La Fundación mantiene abiertas varias líneas de investigación en yacimientos del Jurásico Superior y del Cretácico Inferior repartidos por la provincia, así que es probable que este no sea el último hallazgo relevante que llegue desde Teruel.

Conclusión
El Diplodocus de Teruel demuestra que la geología del pasado todavía tiene sorpresas por revelar, incluso sobre uno de los dinosaurios más estudiados del planeta. Un puñado de vértebras bien conservadas ha bastado para ampliar el mapa conocido de este género en varios miles de kilómetros y para replantear cómo se movían los grandes herbívoros entre continentes durante el Jurásico.
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Fuentes:
–Euronews: Hallan en Teruel un dinosaurio de 25 metros, el primer Diplodocus confirmado en Europa
